martes, 27 de octubre de 2009

Ya estoy en Gandía. He tenido una recaída con Tararí. La semana pasada vino para hablar conmigo. Fuimos al centro comercial y me pidió disculpas, diciendo en que estaba muy ocupado y no podía hacerme caso, y alegando también que se agobió un poco por la situación. Bueno, en realidad me daban igual las excusas, sólo quería que diese la cara y que no desapareciese cobardemente. Después de un par de horas en el faro, hablando entre otras cosas de astrología y de nuestra infancia, le invité a cenar a casa, porque ya se había hecho tarde. Y, aunque no iba con la intención de que pasara algo... Terminó quedándose a dormir en el piso. Desde entonces, me hace más caso. Veremos si le dura el entusiasmo.
Tengo que hablar con Álex. Creo que le estoy empezando a gustar de verdad, pero él a mí no. Ahora, mentiría si dijese lo contrario, sólo tengo ojos para Tararí.
¿Por qué siempre le hacemos más caso a los cabrones?